domingo 7 de junio de 2009

Romanos 8, 12-17 Domingo de Trinidad



12 Por tanto, hermanos, tenemos una obligación, pero no es la de vivir conforme a la naturaleza pecaminosa.13 Porque si ustedes viven conforme a ella, morirán; pero si por medio del Espíritu dan muerte a los malos hábitos del cuerpo, vivirán.14 Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios son hijos de Dios.15 Y ustedes no recibieron un espíritu que de nuevo los esclavice al miedo, sino el Espíritu que los adopta como hijos y les permite clamar: «¡*Abba! ¡Padre!» 16 El Espíritu mismo le asegura a nuestro espíritu que somos hijos de Dios.17 Y si somos hijos, somos herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, pues si ahora sufrimos con él, también tendremos parte con él en su gloria.

El Espíritu mismo le asegura a nuestro espíritu que somos hijos de Dios.

Querida congregación: la gracia y la paz de Dios este con ustedes.

Es importante conocer nuestras raíces, es importante saber de dónde venimos y hacia a donde vamos. Especialmente cuando estamos en tiempos de cambio y de crisis, allí necesitamos saber quiénes somos, de dónde venimos y hacia a donde vamos.
¿Cuántos recuerdan la serie Raíces? Trata la historia de los descendientes de un esclavo africano traído a este país, que busca saber sus orígenes y esta búsqueda lo lleva hasta la misma África donde encuentra la cuna de sus ancestros.
Ahora bien, nosotros como inmigrantes nos desenvolvemos en un doble mundo, el mundo de nuestros orígenes, nuestra patria de nacimiento, y el mundo en el cual ahora vivimos. Una parte de nosotros sigue marcada por nuestra cuna de origen, y otra parte está marcada por el tiempo que llevamos viviendo y trabajando aquí. ¿Quiénes somos ahora? Pues somos ambas cosas, somos de allá, y también somos un poco de acá, somos un pueblo que está a la vez lejos y cerca de sus raíces.
La carta de Pablo a los Romanos hoy nos habla de recordar otras raíces que son igualmente importantes, las raíces de nuestra fe, las raíces que nos hablan de nuestra identidad y de nuestra relación con Dios.
Por eso Pablo declara que no debemos olvidar que “El Espíritu mismo le asegura a nuestro espíritu que somos hijos de Dios”, esa es nuestra identidad celestial, nuestra ciudadanía como hijos de Dios en el reino de los cielos. Eso también somos, somos hijos e hijas de Dios, en el están nuestras raíces espirituales, en el está la fuente de nuestra salvación, en el está el futuro de nuestra vida y de nuestro porvenir mas allá de lo que es nuestra experiencia en esta tierra.
Si somos entonces hijos de Dios, tenemos el privilegio de llamarlo Padre y de poder acceder a el por medio de la oración, de la Palabra y de los Sacramentos, si somos hijos entonces sabemos quién es el autor de nuestra vida en sentido más pleno. Dios nos ha dado un renacimiento espiritual, nos ha abierto una puerta que nadie podrá jamás cerrar, nos ha dado el camino de la vida.
En esa búsqueda de nuestras raíces espirituales, podemos entonces encontrar el sentido último de la fe, el mantenernos conectados con Dios, el mantenernos unidos y alimentados por su palabra, el mantenernos vivos por medio de sus promesas, el bendecirnos con su amor y su comprensión, y el declararnos que siempre estará atento a escuchar y responder nuestras oraciones.
Por eso Pablo cierra su declaración con esta frase tan hermosa: “si somos hijos, somos herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo”. Tenemos una herencia divina, tenemos un futuro con Dios, tenemos una esperanza que sobrepasa las pruebas y las aflicciones del presente. No les digo que el camino es fácil, porque no lo es, el camino de esta vida dentro de la fe, es estrecho y lleno de curvas difíciles, pero es el camino a la vida eterna. Por eso, en medio de tus pruebas de cada día recuerda no estás solo, tu Padre Dios está a tu lado, no estás solo, eres un hijo o una hija de Dios, y Dios sabe ser un buen padre, por eso, descansa en el, entrégale a él tus ansiedades, déjale acompañarte en tus soledades y bendecirte a cada paso.
El quiere ser el Padre amoroso, y solo espera que tu confíes en que así lo será.
Dios nos bendiga con su Palabra y su amor.
Amen.


1 comentarios:

H.K.Michael Ayala Alva dijo...

Hola Pastor:

Soy Michael, un gusto leer sus prédicas. Hablando de raíces, ayer estuve en la asamblea general de ILEP, y he visto como nuestra amada iglesia es prácticamente saqueada por ambiciones de poder, como una dictadura de la mayoría se impone totalmente y no da lugar a una minoría que no está de acuerdo con muchas cosas que se están haciendo.

Bueno, su prédica ha sido muy buena. Lo de las "raíces" es muy interesante, supongo que de ellas dependerá que nuestra iglesia no se diluya.