1 »Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador.2 Toda rama que en mí no da fruto, la corta; pero toda rama que da fruto la poda[a] para que dé más fruto todavía.3 Ustedes ya están limpios por la palabra que les he comunicado.4 Permanezcan en mí, y yo permaneceré en ustedes. Así como ninguna rama puede dar fruto por sí misma, sino que tiene que permanecer en la vid, así tampoco ustedes pueden dar fruto si no permanecen en mí.
5 »Yo soy la vid y ustedes son las ramas. El que permanece en mí, como yo en él, dará mucho fruto; separados de mí no pueden ustedes hacer nada.6 El que no permanece en mí es desechado y se seca, como las ramas que se recogen, se arrojan al fuego y se queman.7 Si permanecen en mí y mis palabras permanecen en ustedes, pidan lo que quieran, y se les concederá.8 Mi Padre es glorificado cuando ustedes dan mucho fruto y muestran así que son mis discípulos.
Permanezcan en mí, y yo permaneceré en ustedes.
Querida congregación: la gracia y la paz de Dios este con nosotros.
¿Cuántos de ustedes han estado en un viñedo? ¿Cuantos han recogido uvas? Si lo han hecho esta parábola de Jesus acerca de su relación entre la vid y las ramas donde cuelgan las uvas es perfectamente clara. Porque han podido apreciar claramente que sin una conexión real entre las ramas y la vid, entre los frutos y las ramas, pues los frutos definitivamente mueren.
Quizás si Jesus hubiera venido hoy, y viviera en nuestra cultura citadina y urbana, rodeada de tecnología y de computadoras, de televisores de pantalla plana y de IPods, Jesus diría que él como el toma corriente y nosotros somos los aparatos eléctricos. Si no estamos enchufados, conectados a él, que es la fuente de corriente eléctrica, pues ninguno de nosotros por muy avanzada pieza de tecnología que sea, una vez que se le agota la batería no podría funcionar absolutamente para nada.
Sin corriente eléctrica no funciona nada de lo que normalmente es necesario para nuestra vida en la ciudad, no hay televisión, no hay alarmas, no hay cargadores para los teléfonos, no hay internet, etc. Dependemos de la corriente eléctrica para mantener el sistema funcionando. Pues de esa misma manera, dependemos de Jesus para mantener nuestra vida espiritual funcionando, y más aun nuestra conexión con Dios funcionando. Una lámpara desconectada no alumbra, igualmente una vida que no está conectada a Cristo tampoco puede ser la luz del mundo. Es nuestra relación con Jesus la que va a marcar que tanto podemos cumplir nuestra misión de servir a Dios y al prójimo. La misión de cada uno depende en gran parte de cómo esta nuestra relación personal con Jesus. Por eso es que él usa esta imagen de la vid y las ramas para ilustrarnos que la vida que proviene de la vid es la vida que nos da fuerzas para vivir el día a día.
Pensemos por eso un momento en la manera en que estamos o no estamos suficientemente conectados a Cristo. Hay quienes solo se conectan un instante para cargar baterías y luego siguen su camino solos, hay otros que ya no se conectan ni pueden hacerlo porque han perdido toda dirección, pero Dios nos ofrece la oportunidad no de estar conectados una vez de vez en cuando, sino que está deseoso de estar permanentemente relacionado con todos nosotros.
Pensemos pues como la vida espiritual desea crecer, como Cristo desea ser la vida que vivifique nuestra vida y la fuerza que nos llene de energía para la lucha diaria, y démosle a él la libertad de cambiarnos. Abrirnos a la vida y la fortaleza que Cristo desea compartir con cada uno de nosotros, al final hará de nuestra vida una vida con mayor crecimiento y desarrollo, la llenara de significado y a la par nos permitirá vivir la misión con mayor fuerza. Recordemos que no es que estamos llamados a cumplir una misión, sino que la vida misma de cada uno de nosotros es misión. Somos misioneros porque somos enviados a vivir este mensaje de fe siempre, no solo en determinados días y festividades, sino siempre. Por eso dejemos que la transformación sucede, dejemos que viva más y más Cristo por la fe en nuestro ser y así seamos una bendición para todo. Como lo fue en la lectura de hoy Felipe para el Etíope haciéndole entender las profecías sobre el Mesías, como lo es Cristo para nosotros alimentándonos con su Palabra y la Comunión, como los son las madres para los hijos, como esperamos serlo todos para todos.
Esa es la llamada que hemos recibido, recibir la vida, para vivirla y llenar de vida al mundo que nos rodea,
Amén.

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