
11 »Yo soy el buen pastor. El buen pastor da su *vida por las ovejas.12 El asalariado no es el pastor, y a él no le pertenecen las ovejas. Cuando ve que el lobo se acerca, abandona las ovejas y huye; entonces el lobo ataca al rebaño y lo dispersa.13 Y ese hombre huye porque, siendo asalariado, no le importan las ovejas.
14 »Yo soy el buen pastor; conozco a mis ovejas, y ellas me conocen a mí,15 así como el Padre me conoce a mí y yo lo conozco a él, y doy mi vida por las ovejas.16 Tengo otras ovejas que no son de este redil, y también a ellas debo traerlas. Así ellas escucharán mi voz, y habrá un solo rebaño y un solo pastor.17 Por eso me ama el Padre: porque entrego mi vida para volver a recibirla.18 Nadie me la arrebata, sino que yo la entrego por mi propia voluntad. Tengo autoridad para entregarla, y tengo también autoridad para volver a recibirla. Éste es el mandamiento que recibí de mi Padre.»
Conozco a mis ovejas, y ellas me conocen a mí
Querida congregación: La gracia y la paz de Dios estén con nosotros hoy. Amén.
Este es un texto muy querido, nos habla de Jesus como el buen pastor, alguien que nos ama, nos protege y nos guía. Esta muy unido al Salmo 23 que declara “El Señor es mi pastor nada me faltara”. Jesus declara que está dispuesto a sacrificarse totalmente por el cuidado de sus ovejas, el suyo no es un amor teórico sino practico, se demuestra en su entrega total por cada uno de nosotros.
El buen pastor Jesus, no quiere asimismo entenderse como el guía de una sola comunidad, sino como el guía de la comunidad universal de creyentes, por eso anuncia que él desea que su mensaje llegue a todo el mundo. Para que ese mensaje llegue a todo el mundo entrega su vida voluntariamente sabiendo que el amor por los suyos será al final más fuerte que el odio de aquellos que querían apagar su voz.
La imagen de un pastor y su rebaño por ende es la imagen misma de la relación entre Jesus y su iglesia. Es una relación de amor y sacrificio, en la cual es Dios en la vida de Jesus dándonos a todos la posibilidad de vivir en perfecta comunión con él. La respuesta que debemos dar a todo ese amor es amor. Dios nos ama y por eso nosotros podemos amarlo también y descubrir en esa relación de amor como el ser parte del rebaño de Jesus nos convierte en una bendición para el mundo.
Esa bendición se manifiesta en como nosotros que recibimos el cuidado pastoral de Dios, apreciamos y respondemos a ese cuidado pastoral, llevando nosotros también adelante el cuidado pastoral de aquellos que nos rodean. Por eso los invito a pensar en esta mañana en la manera en que estamos realizando ese cuidado pastoral a diario.
Por ejemplo ¿cómo cumplimos nuestro cuidado pastoral como padres de nuestros hijos? Esa es una pregunta importante, porque cada padre y madre de familia tiene una responsabilidad pastoral ante Dios por el cuidado no solo material, sino también espiritual de nuestros hijos. El hogar es la primera iglesia en la que aprendemos a dorar a Dios. Si nosotros ponemos atención y dedicación para vivir nuestra fe en el hogar, estaremos formando espiritualmente a nuestros hijos guiándolos por medio de nuestro ejemplo. Esto definitivamente significa invertir tiempo, pero en eso consiste el amor, no solo en invertir tiempo trabajando para que no les falta el pan material, sino también invertir tiempo orando, y viviendo la fe en el hogar para que a diario reciban el pan espiritual también. Muchas veces creemos que es suficiente traerlos a la iglesia, les digo que no lo es. Es como si llevar a la familia a comer al mejor restaurante de la ciudad el domingo bastaría para alimentarlos hasta el otro domingo, y durante la semana ¿acaso no les darán de comer también en casa? Pues igual es la vida espiritual de la familia. El domingo es la fiesta con todos pero a diario cada hogar debe de vivir la fe también.
La segunda cosa que quiero compartir esta mañana es la frase de Jesus: “Yo conozco a mis ovejas, y ellas me conocen a mí”. ¿Cuánto conocemos la problemática, los sueños, las metas, las dudas y las alegrías de nuestras ovejas? ¿Cuánto conocemos lo que le sucede a nuestro esposa o esposa, cuanto sabemos de nuestros hijos y cuanto saben nuestros hijos de nosotros mismos? ¿Cuánto conocemos del mundo de nuestros amigos y de los amigos de nuestros hijos, y cuanto dejamos que ellos conozcan del nuestro? El mutuo conocimiento es parte fundamental del amor, eso es lo que Jesus trata de enseñarnos, el amor se expresa en la capacidad de conocer y darse a conocer, es una puerta siempre abierta a descubrir un poco del mundo de la otra persona y dar a conocer algo de nuestro propio mundo.
Interés por lo que sucedo en el mundo a nuestro alrededor, y a la vez en conocer y darnos a conocer, he allí los temas claves para salir adelante en nuestra vida cristiana durante esta semana. Los animo a analizar como el ser pastores de sus seres queridos y el conocer y darse a conocer esta desarrollándose como un paso fundamental en su vida de fe.
Que la gracia del Señor resucitado los llene abundantemente durante esta semana.
Amén.

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