domingo 29 de marzo de 2009

Jeremias 31, 31-34. Quinto de Cuaresma



31 »Vienen días —afirma el SEÑOR— en que haré un nuevo *pacto con el pueblo de Israel y con la tribu de Judá.32 No será un pacto como el que hice con sus antepasados el día en que los tomé de la mano y los saqué de Egipto, ya que ellos lo quebrantaron a pesar de que yo era su esposo —afirma el SEÑOR—.
33 »Éste es el pacto que después de aquel tiempo haré con el pueblo de Israel —afirma el SEÑOR—: Pondré mi *ley en su *mente, y la escribiré en su *corazón. Yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo.34 Ya no tendrá nadie que enseñar a su prójimo, ni dirá nadie a su hermano: "¡Conoce al SEÑOR!" , porque todos, desde el más pequeño hasta el más grande, me conocerán —afirma el SEÑOR—. Yo les perdonaré su iniquidad, y nunca más me acordaré de sus pecados.»

Desde el más pequeño hasta el más grande, me conocerán


Querida congregación: la gracia y la paz de Dios este con todos nosotros hoy. Amen
La semana que pasó pasé la mayor parte de mis días en cama batallando contra los virus que invadieron mi organismo. En esa clase de batalla el campo de batalla era y sigue siendo mi propio organismo, es una lucha en la cual la calidad de vida es la que se pone en cuestión.
Cuando uno está enfermo siente reducida su calidad de vida, siente que no pude hacer lo que quisiera y más aun que es en cierta medida dejado de lado por la marcha de los demás, puesto que el resto de la gente sigue su vida diaria normal, aquel que se queda enfermo en casa no está participando del proceso normal del que todos participan.
Gracias a Dios por la internet y las computadores personales, pude ponerme a escribir mis predicas y avanzar mi trabajo desde mi cama, de tal manera que por el chat y por el correo electrónica estaba al tanto en tiempo real de aquello que pasaba aquí en la oficina. De esta manera sentía que no estaba completamente dejado de lado, sino que simplemente estaba trabajando en condiciones especiales.
Si pensamos en la vida espiritual es igual, hay una batalla interior en cada uno de nosotros, una batalla por estar más cerca de Dios. Y esa batalla ha tenido a lo largo de la historia de la humanidad diferentes desenlaces, algunas veces nos hemos sentido terriblemente malos e incapaces de recibir el amor de Dios y otras veces no hemos creído tan buenos que pensamos no necesitar más de Dios.
Por eso el texto de hoy nos habla de la voluntad de Dios de querer revelarse como Dios a cada uno de nosotros, desde el más pequeño hasta es más grande, así, Dios quiere ser Dios de todos y no solo de unos cuantos, Dios quiere ser conocido y no un desconocido, Dios quiere ser un Dios cercano y no simplemente una idea mas allá de este mundo.
Jeremías en medio de una crisis económica, política, militar de la que ya no se recuperaría su nación, pues sería totalmente devastada por el ejercito babilonio, les lanza este mensaje de consuelo, porque la derrota es inminente, la esclavitud esta a portas y la reconstrucción de todo lo arrasado por la guerra llevaría años en lograrse y probablemente la mayoría de los que vivían en ese tiempo no verían ese momento.
Es una promesa para la siguiente generación, es una promesa de que aun después de la destrucción completa del presente, el futuro tiene esperanza. Es una promesa de sanación y de restauración, y esas palabras para las personas en aflicción y en total desolación significan que es posible creer en el mañana. Y pienso que esa posibilidad es la que mantienen viva a la gente, lo he visto en mi propio país conversando con sobrevivientes de la guerra civil, lo he visto en los testimonios de los sobrevivientes del genocidio en Ruanda que nos visitaron hace unos años, lo he visto en mi mismo, cuando veo que podemos seguir adelante después de haber contemplado tantas desgracias.
Dios tienen el poder de reinventarnos el futuro, Dios tienen el poder de hacer siempre un nuevo pacto, de marcar un nuevo comienzo, la pérdida del presente no significa la pérdida del futuro, porque Dios no es solo un Dios de hoy, sino es un Dios de todo el tiempo.
En este viaje cuaresmal pongamos nuestras cargas en el, nuestros miedos en el, nuestras enfermedades en el, nuestros pecados en él, y dejemos que el haga algo nuevo, algo sorprendente, y así lo conoceremos de una nueva manera y lo amaremos como el ya nos ama.
Amén.