38 Como parte de su enseñanza Jesús decía:
—Tengan cuidado de los *maestros de la ley. Les gusta pasearse con ropas ostentosas y que los saluden en las plazas,39 ocupar los primeros asientos en las sinagogas y los lugares de honor en los banquetes.40 Se apoderan de los bienes de las viudas y a la vez hacen largas plegarias para impresionar a los demás. Éstos recibirán peor castigo. (G) 41 Jesús se sentó frente al lugar donde se depositaban las ofrendas, y estuvo observando cómo la gente echaba sus monedas en las alcancías del *templo. Muchos ricos echaban grandes cantidades.42 Pero una viuda pobre llegó y echó dos moneditas de muy poco valor.[h]
43 Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: «Les aseguro que esta viuda pobre ha echado en el tesoro más que todos los demás.44 Éstos dieron de lo que les sobraba; pero ella, de su pobreza, echó todo lo que tenía, todo su sustento.»
43 Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: «Les aseguro que esta viuda pobre ha echado en el tesoro más que todos los demás.44 Éstos dieron de lo que les sobraba; pero ella, de su pobreza, echó todo lo que tenía, todo su sustento.»
La generosidad verdadera
Querida congregación:
La gracia y la paz de Dios a todos hoy. Amen
Podemos ponernos a pensar en el sentido de compartir, y descubrimos que para cada uno quizás hay una manera diferente de expresarse en cuanto al significado de compartir.
Para algunos compartir puede significar dar algo material a otro, otros quizás digan que compartir tiene que ver con pasar tiempo juntos, otros lo verán como hacer un proyecto de manera conjunta.
Pero sea que hablemos de cosas materiales, tiempo o trabajo, en todas estas definiciones estamos hablando de algo fundamental, estamos hablando de una relación entre personas. Las personas comparten bienes, tiempo, trabajos, sentimientos, sueños, etc. Las personas al relacionarse se abren unas a otras en el mundo y así comparten lo que son, lo que tienen y lo que esperan.
Dios igualmente comparte con nosotros lo que él es, el comparte su amor y su vida creadora. Dios se da asimismo para que nosotros podamos recibirlo, y al recibirlo descubrimos una nueva dimensión de la existencia que es muy valiosa, descubrimos la presencia de lo divino viviendo en nosotros y amando en nosotros y por medio de nosotros.
Jesus observa en el relato de hoy como mucha gente comparte o da de aquello que les sobra, no de aquello que es realmente importante, no hay en ellos una voluntad sacrificial, solamente hay el deseo de dar aquello que ya no necesitan que tienen en exceso o simplemente ya no desean. Y peor aún, Jesus dice, que muchos lo hacen simplemente para que otros al verlos los admiren.
La viuda de nuestra historia pertenece al grupo social de los pobres y vulnerables, al no tener esposo esta sola y sin protección en la sociedad patriarcal en la que le toco vivir. Pero en su vulnerabilidad ella encuentra una autentica fortaleza, ya que su fortaleza no proviene de la riqueza material o de la protección del esposo o de la familia, sino que se basa única y exclusivamente en su relación personal con Dios.
La mujer pobre del relato es una mujer de fe, una mujer agradecida, una mujer que sabiendo que todo lo que tiene en esta vida es Dios, le da a Dios todo lo que posee materialmente porque se abandona completamente a sus manos. Esa es una aventura de fe, un salto de fe en el cual pocos se atreven a participar. Darse por entero a Dios y dar a Dios lo poco que se posee sabiendo que no hay nada más.
Esto hoy es como que una viuda endose su cheque del seguro social a la iglesia y diga, se lo doy a Dios porque sé que él estará a mi lado de alguna manera que no alcanzo a entender.
Siempre recuerdo a una viuda que hacia cosas así en mi congregación en Perú, siempre daba su diezmo a pesar de que su cheque del seguro social era mínimo, y no solo eso sino que en navidad usaba su dinero para además comprar pequeños regalitos para los niños de la Escuela Dominical.
Quizás pensemos que tenemos poco o nada para dar, pero les aseguro que hay quienes siempre tendrán menos, pero si su corazón es generoso sabrán como dar aun de su pobreza y esa generosidad será la mayor bendición que podemos esperar.
Piensa en esta semana en todo lo que Dios te ha dado en este año y pregúntate honestamente, ¿Cuánto le estoy dando yo a Dios?
Que Dios por medio de su palabra nos enseñe a ser generosos cada día.
Amen.






