domingo 5 de julio de 2009

Marcos 6, 1-13 Quinto de Pentecostes



1 Salió Jesús de allí y fue a su tierra, en compañía de sus discípulos.2 Cuando llegó el *sábado, comenzó a enseñar en la sinagoga.
—¿De dónde sacó éste tales cosas? —decían maravillados muchos de los que le oían—. ¿Qué sabiduría es ésta que se le ha dado? ¿Cómo se explican estos milagros que vienen de sus manos?3 ¿No es acaso el carpintero, el hijo de María y hermano de *Jacobo, de José, de Judas y de Simón? ¿No están sus hermanas aquí con nosotros?
Y se *escandalizaban a causa de él. Por tanto, Jesús les dijo:
4 —En todas partes se honra a un profeta, menos en su tierra, entre sus familiares y en su propia casa.
5 En efecto, no pudo hacer allí ningún milagro, excepto sanar a unos pocos enfermos al imponerles las manos.6 Y él se quedó asombrado por la incredulidad de ellos.
Jesús recorría los alrededores, enseñando de pueblo en pueblo.7 Reunió a los doce, y comenzó a enviarlos de dos en dos, dándoles autoridad sobre los *espíritus malignos.
8 Les ordenó que no llevaran nada para el camino, ni pan, ni bolsa, ni dinero en el cinturón, sino sólo un bastón.9«Lleven sandalias —dijo—, pero no dos mudas de ropa.»10 Y añadió: «Cuando entren en una casa, quédense allí hasta que salgan del pueblo.11 Y si en algún lugar no los reciben bien o no los escuchan, al salir de allí sacúdanse el polvo de los pies, como un testimonio contra ellos.»
12 Los doce salieron y exhortaban a la gente a que se *arrepintiera.13 También expulsaban a muchos demonios y sanaban a muchos enfermos, ungiéndolos con aceite.

MISION

Gracia y paz de Dios a todos. Amén.
Jesus es rechazado en su propio pueblo, la gente que lo conoce desde siempre no puede creer que él sea quien es. Para ello es solo el hijo del carpintero del pueblo. Para los demás es el Mesías, para unos es solo otro pobre mas, pera aquellos que salen a recibirlo es el portador de esperanza y sanidad.
Y lo mismo habrá de suceder con sus discípulos, el los comisiona para que hagan lo mismo que el está haciendo, para que vayan de pueblo en pueblo anunciando la llegada del reino de Dios y la salvación, para que sanen y liberen, pero con ellos sucederá lo mismo, habrá quienes los reciban y habrá quienes los rechacen.
El mundo está moviéndose siempre en esa dinámica, en recibir o en rechazar el mensaje de Dios, el mundo no acepta que la Palabra de Dios llegue a nosotros libremente y nos hable de compasión y perdón, la caridad y el amor son siempre vistos como debilidades, pero al otro lado, están los que creen que la violencia es la única manera de cambiar las cosas. El mensaje de Jesus siempre está desafiando a ambos lados, a los que no quieren cambiar nada, y también a los que quieren el cambio a la fuerza. Por eso es un mensaje polémico y por eso noe s fácil predicarlo y vivirlo.
¿Cómo lo recibimos nosotros? Es Jesus buena nueva para nosotros, o es también preguntas sin responder, desafíos, cuestionamientos, es amor y a la vez es llamado al arrepentimiento, es perdón y a la vez es alerta del peligro. ¿Quiénes Jesus para nosotros hoy?
Para los personajes del relato del evangelio, era o el hijo del carpintero o el Rey Mesías esperado. Y ciertamente era ambas cosas, era el rey, pero el rey pobre y simple, el rey sin corte, el rey que andaba con los pies llenos del polvo del camino, y lo era porque también era el hijo del carpintero, era el hombre del pueblo, era aquel que se ganaba la vida trabajando con sus manos como cualquier otro.
Una vez me preguntaron ¿Por qué soy cristiano? Y mi respuesta siempre es fácil, mi respuesta es soy cristiano porque mi manera de interpretar, vivir y sentir la vida, es la manera de Jesus, la manera del carpintero y la manera del hijo de Dios. Todos somos así, somos hijos de Dios por la fe, y somos hijos del pueblo porque somos de este mundo. Y en la unión de esa experiencia terrenal y divina, es donde esta lo grandioso de ser cristiano, el poder descubrir a Dios presente en lo que pasa cada día, en lo simple, en lo común, en el trabajo de nuestras manos o en los sueños y pensamientos de nuestras mentes.
Hijo de Dios e hijo del carpintero del pueblo, divino y humano, celestial y terrenal, común y extraordinario, ese es Jesus y por eso soy y me encanta ser cristiano, porque puedo sentir y vivir a Dios en lo común y ver como lo común es de pronto el espacio donde surgen los milagros.
Dios nos ha llamado a vivir esa realidad, en eso consiste la misión, el llamado y el envío, en ser hijos de esta tierra, con visión de Dios, amor, perdón y justicia.
Amén.

domingo 28 de junio de 2009

Lamentaciones 3, 22-32 Cuarto de Pentecostes



Lamentaciones 3, 22-32

22 El gran amor del Señor nunca se acaba,[a]
y su compasión jamás se agota.
23 Cada mañana se renuevan sus bondades;
¡muy grande es su fidelidad!
24 Por tanto, digo:
«El Señor es todo lo que tengo.
¡En él esperaré!»

25 Bueno es el Señor con quienes en él confían,
con todos los que lo buscan.
26 Bueno es esperar calladamente
a que el Señor venga a *salvarnos.
31 El Señor nos ha rechazado,
pero no será para siempre.
32 Nos hace sufrir, pero también nos compadece,
porque es muy grande su amor.

El gran amor del Señor nunca se acaba, y su compasión jamás se agota.

El texto de esta mañana es un texto lleno de significado y de esperanza, es un texto que nos hala del amor de Dios de una manera increíble.

Los judíos habían sido deportados a Babilonia y su ciudad Jerusalén había sido completamente destruida, en esas circunstancias el profeta Jeremías escribe sus lamentaciones, las cuales como dice el titulo son lamentos ante las ruinas y la destrucción de todo aquello que el amaba. Siente que Dios los ha castigado con razón, pero a la vez no se detiene a ver únicamente una imagen sancionadora de Dios, sino que además ve a Dios con esperanza y como un Dios de amor y misericordia.

Por eso Jeremías declara con certeza en medio de la desolación que produce el contemplar las ruinas humeantes e su ciudad:

El gran amor del Señor nunca se acaba,
y su compasión jamás se agota.
23 Cada mañana se renuevan sus bondades;
¡muy grande es su fidelidad!
24 Por tanto, digo:
«El Señor es todo lo que tengo.
¡En él esperaré!»

Es fácil declarar algo así en tiempos donde las cosas van bien y todo sale como esperamos, pero qué difícil es poder ver la fe de esta manera cuando estamos rodeados solamente de soledad, sufrimiento, angustia y desolación, que difícil es declarar desde el fondo del corazón que Dios es amor, compasión y misericordia cuando sentimos que hemos perdido lo que más amábamos.

Es entonces en los momentos críticos cuando podemos descubrir el verdadero poder y la verdadera riqueza de nuestra fe, porque allí es cuando el Dios de amor y vida se manifiesta y nos deja ver un poco de su infinito poder por medio del consuelo y la paz que puede darnos.

Cuando Jeremías declara: «El Señor es todo lo que tengo. ¡En él esperaré!» Nos esta invitando a hacer lo mismo, a mirar la vida desde aquello que es lo único estable, cierto, firme y verdadero en nosotros, el amor y la presencia de Dios. Cuando llegamos a hacer eso, es cuando verdaderamente descubrimos que aunque el mundo a nuestro alrededor se está derrumbando, no nos sentimos perdidos ni huérfanos, porque Dios esta de nuestro lado y está sufriendo con nosotros y esta trayéndonos la alegría y el consuelo para que pasada la prueba podamos volver los ojos al futuro con esperanza.

Eso mismo lo vemos en el evangelio cuando Jesus toca y sana a gente enferma, a personas que habían perdido toda esperanza y que sentían que estaban completamente perdidas y excluidas de las bendiciones de Dios. Jesus les demuestra que Dios es Dios para ellos también, que Dios está para todos, solamente hay que tener el corazón abierto y el deseo que él entre y viva plenamente en nosotros. Dios es nuestro, y quiere que lo sintamos mas y mas nuestro cada día, porque así el mostrara su amor y así cada día será completamente nuevo y maravilloso, porque será un día iluminado por su gracia y amor.

Cada día es un nuevo día, y en ese nuevo día Cristo nos invita a vivir intensamente la experiencia de su presencia. Hoy recuerda eso, y cuando veas que los problemas o las dudas te rodean, acuérdate de que Dios es tuyo, de que Cristo es tuyo y tu eres de el para siempre.

Que su amor te renueve hoy y siempre.

Amen.

domingo 21 de junio de 2009

Tercer Domingo de Pentecostes Marcos 4, 35-41



35 Ese día al anochecer, les dijo a sus discípulos:

—Crucemos al otro lado.
36 Dejaron a la multitud y se fueron con él en la barca donde estaba. También lo acompañaban otras barcas.37 Se desató entonces una fuerte tormenta, y las olas azotaban la barca, tanto que ya comenzaba a inundarse.38 Jesús, mientras tanto, estaba en la popa, durmiendo sobre un cabezal, así que los discípulos lo despertaron.

—¡Maestro! —gritaron—, ¿no te importa que nos ahoguemos?
39 Él se levantó, reprendió al viento y ordenó al mar:

—¡Silencio! ¡Cálmate!

El viento se calmó y todo quedó completamente tranquilo.
40 —¿Por qué tienen tanto miedo? —dijo a sus discípulos—. ¿Todavía[
b] no tienen fe?
41 Ellos estaban espantados y se decían unos a otros:

—¿Quién es éste, que hasta el viento y el mar le obedecen?


¿No te importa que nos ahoguemos?


Querida congregación: gracia y paz de Dios a todos nosotros. Amén.

¿Alguna vez has gritado pidiendo auxilio? ¿Has gritado muy alto, con toda la fuerza de tu voz?

Gritar pidiendo auxilio y no recibirlo es motivo de pánico, de miedo paralizante. En el relato del evangelio de hoy, los discípulos pidieron a gritos auxilio, ¡sentían que el barco en que estaban se iba a hundir y que todos morirían ahogados!

Contrariamente al pánico de los discípulos, entre los cuales había experimentados pescadores que conocían muy bien el mar de Galilea, Jesus está tranquilo durmiendo como si nada pasara a su alrededor.

El evangelio contrasta la desesperación y el pánico de los discípulos de un lado con la calma y el descanso de Jesus que duerme por el otro lado. ¿No era acaso una terrible tormenta? Al parecer lo era, pero aun en esas circunstancias Jesus está tranquilo y descansando. La paz del Señor queda demostrada luego cuando el simplemente ordena a la tormenta que cese, el se siente seguro de que nada malo va a pasar porque Dios está presente donde el está presente. Los discípulos en cambio lo tienen allí y sin embargo desesperan y se llenan de pánico, gritan y luchan pero no parece que Dios los escucha.

Pero el problema es que Dios está en medio de ellos. Y ellos deben aprender a vivir por fe solamente, Dios está allí durmiendo porque sabe que nada malo va a pasar, pero ellos están aterrorizados porque Jesus no hace aparentemente nada. Pero cuando Jesus calma la tormenta, los discípulos están aterrorizados nuevamente, ya no por la tormenta, sino por el poder de Jesus que la ha calmado. SI Dios no actúa los discípulos se aterrorizan y si actúa se vuelven a aterrorizar.

Parece que lo nuestro es vivir permanentemente con el miedo de que Dios no actúe, o con el miedo de lo que podrá significar que si lo haga. Si Dios no actúa nos sentimos desesperados o abandonados y si actúa, sentimos lo mismo porque nos demuestra que tiene el poder de hacer lo que quiera con nuestra vida.

Jesus duerme pero está al lado de sus discípulos, por eso lo realmente importante es recordar lo que el pude hacer, si tiene el poder de actuar, el sabe perfectamente el mejor momento para hacerlo, nosotros podemos asustarnos de su silencio, o asombrarnos de su poder, pero lo que debemos tener siempre presente es que está con nosotros, en silencio o actuando, siempre está con nosotros.

Donde sea que vayas, en medio de una tormenta o en medio de la calma, allí esta Jesus, dormido o despierto siempre está allí para ti, y por eso no temas.

Amen.

domingo 7 de junio de 2009

Romanos 8, 12-17 Domingo de Trinidad



12 Por tanto, hermanos, tenemos una obligación, pero no es la de vivir conforme a la naturaleza pecaminosa.13 Porque si ustedes viven conforme a ella, morirán; pero si por medio del Espíritu dan muerte a los malos hábitos del cuerpo, vivirán.14 Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios son hijos de Dios.15 Y ustedes no recibieron un espíritu que de nuevo los esclavice al miedo, sino el Espíritu que los adopta como hijos y les permite clamar: «¡*Abba! ¡Padre!» 16 El Espíritu mismo le asegura a nuestro espíritu que somos hijos de Dios.17 Y si somos hijos, somos herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, pues si ahora sufrimos con él, también tendremos parte con él en su gloria.

El Espíritu mismo le asegura a nuestro espíritu que somos hijos de Dios.

Querida congregación: la gracia y la paz de Dios este con ustedes.

Es importante conocer nuestras raíces, es importante saber de dónde venimos y hacia a donde vamos. Especialmente cuando estamos en tiempos de cambio y de crisis, allí necesitamos saber quiénes somos, de dónde venimos y hacia a donde vamos.
¿Cuántos recuerdan la serie Raíces? Trata la historia de los descendientes de un esclavo africano traído a este país, que busca saber sus orígenes y esta búsqueda lo lleva hasta la misma África donde encuentra la cuna de sus ancestros.
Ahora bien, nosotros como inmigrantes nos desenvolvemos en un doble mundo, el mundo de nuestros orígenes, nuestra patria de nacimiento, y el mundo en el cual ahora vivimos. Una parte de nosotros sigue marcada por nuestra cuna de origen, y otra parte está marcada por el tiempo que llevamos viviendo y trabajando aquí. ¿Quiénes somos ahora? Pues somos ambas cosas, somos de allá, y también somos un poco de acá, somos un pueblo que está a la vez lejos y cerca de sus raíces.
La carta de Pablo a los Romanos hoy nos habla de recordar otras raíces que son igualmente importantes, las raíces de nuestra fe, las raíces que nos hablan de nuestra identidad y de nuestra relación con Dios.
Por eso Pablo declara que no debemos olvidar que “El Espíritu mismo le asegura a nuestro espíritu que somos hijos de Dios”, esa es nuestra identidad celestial, nuestra ciudadanía como hijos de Dios en el reino de los cielos. Eso también somos, somos hijos e hijas de Dios, en el están nuestras raíces espirituales, en el está la fuente de nuestra salvación, en el está el futuro de nuestra vida y de nuestro porvenir mas allá de lo que es nuestra experiencia en esta tierra.
Si somos entonces hijos de Dios, tenemos el privilegio de llamarlo Padre y de poder acceder a el por medio de la oración, de la Palabra y de los Sacramentos, si somos hijos entonces sabemos quién es el autor de nuestra vida en sentido más pleno. Dios nos ha dado un renacimiento espiritual, nos ha abierto una puerta que nadie podrá jamás cerrar, nos ha dado el camino de la vida.
En esa búsqueda de nuestras raíces espirituales, podemos entonces encontrar el sentido último de la fe, el mantenernos conectados con Dios, el mantenernos unidos y alimentados por su palabra, el mantenernos vivos por medio de sus promesas, el bendecirnos con su amor y su comprensión, y el declararnos que siempre estará atento a escuchar y responder nuestras oraciones.
Por eso Pablo cierra su declaración con esta frase tan hermosa: “si somos hijos, somos herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo”. Tenemos una herencia divina, tenemos un futuro con Dios, tenemos una esperanza que sobrepasa las pruebas y las aflicciones del presente. No les digo que el camino es fácil, porque no lo es, el camino de esta vida dentro de la fe, es estrecho y lleno de curvas difíciles, pero es el camino a la vida eterna. Por eso, en medio de tus pruebas de cada día recuerda no estás solo, tu Padre Dios está a tu lado, no estás solo, eres un hijo o una hija de Dios, y Dios sabe ser un buen padre, por eso, descansa en el, entrégale a él tus ansiedades, déjale acompañarte en tus soledades y bendecirte a cada paso.
El quiere ser el Padre amoroso, y solo espera que tu confíes en que así lo será.
Dios nos bendiga con su Palabra y su amor.
Amen.


domingo 24 de mayo de 2009

Juan 17, 6-19 Setimo de Pascua



6 »A los que me diste del mundo les he revelado quién eres.[a] Eran tuyos; tú me los diste y ellos han obedecido tu palabra.7 Ahora saben que todo lo que me has dado viene de ti,8 porque les he entregado las palabras que me diste, y ellos las aceptaron; saben con certeza que salí de ti, y han creído que tú me enviaste.9 Ruego por ellos. No ruego por el mundo, sino por los que me has dado, porque son tuyos.10 Todo lo que yo tengo es tuyo, y todo lo que tú tienes es mío; y por medio de ellos he sido glorificado.11 Ya no voy a estar por más tiempo en el mundo, pero ellos están todavía en el mundo, y yo vuelvo a ti.
»Padre santo, protégelos con el poder de tu nombre, el nombre que me diste, para que sean uno, lo mismo que nosotros.12 Mientras estaba con ellos, los protegía y los preservaba mediante el nombre que me diste, y ninguno se perdió sino aquel que nació para perderse, a fin de que se cumpliera la Escritura.
13 »Ahora vuelvo a ti, pero digo estas cosas mientras todavía estoy en el mundo, para que tengan mi alegría en plenitud.14 Yo les he entregado tu palabra, y el mundo los ha odiado porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.15 No te pido que los quites del mundo, sino que los protejas del maligno.16 Ellos no son del mundo, como tampoco lo soy yo.17 *Santifícalos en la verdad; tu palabra es la verdad.18 Como tú me enviaste al mundo, yo los envío también al mundo.19 Y por ellos me santifico a mí mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad.

No te pido que los quites del mundo, sino que los protejas del maligno.


Querida congregación: la gracia y la paz de Dios estén siempre con nosotros. Amén.

¿Han tenido ganas de escapar alguna vez? ¿Se han sentido amenazados por algún peligro y han deseado correr y correr sin parar?
Es parte de la naturaleza humana el tratar de cuidarnos del mal, el evitar peligros, los amantes del peligro son personas fuera de lo común, lo normal es tratar de vivir de manera segura, dentro e lo posible claro, sin caer tampoco en el exceso de creer que no se puede hacer absolutamente nada porque se puede salir lastimado.
Cuando Jesus pronuncia esta oración de despedida está pensando en cómo sus discípulos van tener que enfrentar la vida y los desafíos por venir. El sabe muy bien que no será una tarea fácil, que el mundo es el espacio donde se realiza esta batalla de fe, y el mundo es un sistema de pensamiento, de control, un estilo de vida, que generalmente no es acorde con la voluntad de Dios. Por eso Jesus manda a los suyos a una misión en medio del campo enemigo, no les dice que se aparten del mundo, ni le pide a Dios que los saque del mundo, sino que más bien estando ellos en el mundo, Dios se les muestre como alguien que está también con ellos librándolos del poder del mal.
Escapar entonces no es el plan de Jesus, sino por el contrario, el plan de Jesus es enfrentar al mundo con todos sus desafíos y tentaciones directamente. Es una batalla cara a cara, no es una guerra encubierta. El enemigo del cristiano es el mundo en la medida que el mundo representa una manera de vivir que se ofrece y que se contradice en muchos aspectos con la vida que Dios le regala al cristiano.
¿Qué hacemos entonces? ¿Seguimos pensando en escapar a los problemas o estamos listos a enfrentarlos directamente? La madurez del adolescente llega cuando es capaz de enfrentar la vida por si mismo y deja de depender de la protección de sus padres, ahora bien, la madurez del cristiano llega de la misma manera, llega cuando confiamos en que Dios está a nuestro lado y en lugar de pedirle que nos saque del mundo le pedimos como Jesus lo hizo, que nos de la fuerza y el valor de enfrentar al mundo, de enfrentar la tentación, de enfrentar las crisis cualesquiera que estas sean y del tamaño que sean.
Y el mundo no está solo enfrente sino que está también dentro de nosotros, porque vive en los valores y maneras de pensar que hemos ido adoptando a lo largo del tiempo. EL mundo nos dice piensa así, y Dios dice piensa de esta otra forma, y allí está abierto el debate, y allí es cuando debemos demostrar que estamos listos a decir no a la tentación y si a Dios. Allí es cuando llega la hora en que debemos demostrar en la práctica que Cristo habita por medio de la fe en nuestros corazones.
En esta semana ¿Cómo piensas enfrentar al mundo? Te ocultaras, pedirás salir de él, o dirás a Dios, dame Señor fuerzas y valor para amarte y servirte pese a todos estos problemas, tentaciones, dudas y debilidades. Jesus ha orado por ti, y Jesus esta orando por mí, y orando por todos, para que triunfemos en esta batalla espiritual y para que ese triunfo sea un testimonio de que Dios vive, es real y transforma todo lo que toca por medio de su palabra y del Espíritu Santo.
Esta semana, déjate guiar hacia la victoria de la fe de la mano de Cristo. Amén.

domingo 17 de mayo de 2009

1 Juan 5, 1-6 Sexto de Pascua




1 Todo el que cree que Jesús es el *Cristo, ha nacido de Dios, y todo el que ama al padre, ama también a sus hijos.2 Así, cuando amamos a Dios y cumplimos sus mandamientos, sabemos que amamos a los hijos de Dios.3 En esto consiste el amor a Dios: en que obedezcamos sus mandamientos. Y éstos no son difíciles de cumplir,4 porque todo el que ha nacido de Dios vence al mundo. Ésta es la victoria que vence al mundo: nuestra fe.5 ¿Quién es el que vence al mundo sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios?
6 Éste es el que vino mediante agua y sangre, Jesucristo; no sólo mediante agua, sino mediante agua y sangre. El Espíritu es quien da testimonio de esto, porque el Espíritu es la verdad.

Todo el que ha nacido de Dios vence al mundo


Querida congregación: la gracia y la paz de Dios estén hoy con todos. Amén.

La imagen de la lucha contra nuestras pasiones y debilidades en la Biblia se expresa en términos como la lucha entre la luz y las tinieblas, el espíritu contra la carne, la vida contra la muerte, la fe contra la incredulidad y la gracia contra el pecado entre otras mucha imágenes que expresan una realidad, día a día vivimos una batalla interior.
Esa batalla interior en la carta de Juan se expresa en nuestro amor al prójimo o nuestra indiferencia e incomprensión a los demás seres humanos. La comunidad de Juan no era muy diferente que la nuestra, estaba formada por personas de diferentes orígenes, si bien todos congregaban en una casa y se consideraban una familia espiritual, seguían existiendo entre ellos diferencias de opiniones y de puntos de vista con el mundo que los rodeaba, unos decían que debían de asimilarse al estilo de vida del resto de la gente, otros se sentían rechazados por los judíos y por ello les guardaban resentimientos, y otros simplemente pensaban que su fe debía manifestarse en un total rechazo a todo lo que los rodeaba. Esa enorme polémica, llevaba a crisis de fe y de unidad en la pequeña iglesia.
En esa situación Juan escribe que lo más importante no son los puntos de vista, sino mas bien la actitud frente a quienes nos rodean, el mundo ya ha sido vencida para Juan, es decir, la fe en la victoria de Jesus sobre la muerte lo lleva a proclamar que aquellos que creen en Jesus no deben porque tenerle ni odio ni temor al mundo que los rodea, en ese entonces representado por el imperio romano y por la sinagoga judía de la cual habían sido expulsados por creer en Jesucristo.
La victoria contra el mal no es el odio, ni es la guerra santa, ni es el alejarse de los demás, ni es la venganza, ni es la revolución armada, la victoria contra el mundo es para Juan la fe. La fe como entrega total a la vida que triunfo en la Pascua, la fe como confianza total en que Dios es quien tiene todo el poder sobre la vida, la fe en que en medio de la incertidumbre, las duda, el abandono, la pobreza, la enfermedad, la soledad, la incomprensión, el rechazo, o incluso la amenaza de perder la vida, hay algo que ha derrotado todo eso y es más grande que todo eso, porque es capaz de mantenernos en pie y marchando paso a paso, esa victoria sobre todo lo adverso u opuesto es una simple palabra: Fe.
Por eso para Juan todo se reduce a la verdad que predica con total convicción: el que vence al mundo es el que cree que Jesús es el Hijo de Dios. Porque esta creyendo en que aquel que fue crucificado, torturado y aparentemente vencido, ahora vive y es el rey universal, la fe en Jesus es la fe en la victoria de Dios en la Pascua, es la fe en el poder transformador de la vida, es la fe en que las cruces y las tumbas no tienen la palabra final, sino que esta le pertenece al resucitado. Es la fe a pesar de la enfermedad, es la fe a pesar de la pobreza, es la fe a pesar de la crisis económica, es la fe a pesar del desempleo y el foreclosure, es la fe a pesar de las dudas en el sistema político, es la fe que vive mas allá de los riesgos, es la fe que se entrega a los brazos de Dios y declara mi fe esta puesta en aquel que murió y que resucito, por eso creo que puedo seguir viviendo, por eso creo que todavía es posible un mañana mejor.
La declaración del cristiano se expreso entonces en fe radical en Jesus, y esa misma fe quiere expresarse hoy en fe radical en ese mismo poder revitalizador, sanador, renovador, vivificador de Dios para la vida de cada uno.
Por eso en esta semana descansa en Dios, entrégale a él en oración la totalidad de tus miedos, ansiedades y preguntas, déjate renovar por la fe radical, la fe que sana y libera, déjate tocar por Dios que ha vencido al mundo creando para nosotros una familia espiritual. Podemos ver a Dios en el amor que sentimos y en amor que recibimos, ama, perdona y recibe amor y perdón, recibe una nueva oportunidad cada día. Eso es creer, eso es fe, eso es haber vencido al mundo.
Amén.

domingo 10 de mayo de 2009

Juan 15, 1-8 Quinto de Pascua



1 »Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador.2 Toda rama que en mí no da fruto, la corta; pero toda rama que da fruto la poda[a] para que dé más fruto todavía.3 Ustedes ya están limpios por la palabra que les he comunicado.4 Permanezcan en mí, y yo permaneceré en ustedes. Así como ninguna rama puede dar fruto por sí misma, sino que tiene que permanecer en la vid, así tampoco ustedes pueden dar fruto si no permanecen en mí.
5 »Yo soy la vid y ustedes son las ramas. El que permanece en mí, como yo en él, dará mucho fruto; separados de mí no pueden ustedes hacer nada.6 El que no permanece en mí es desechado y se seca, como las ramas que se recogen, se arrojan al fuego y se queman.7 Si permanecen en mí y mis palabras permanecen en ustedes, pidan lo que quieran, y se les concederá.8 Mi Padre es glorificado cuando ustedes dan mucho fruto y muestran así que son mis discípulos.

Permanezcan en mí, y yo permaneceré en ustedes.


Querida congregación: la gracia y la paz de Dios este con nosotros.

¿Cuántos de ustedes han estado en un viñedo? ¿Cuantos han recogido uvas? Si lo han hecho esta parábola de Jesus acerca de su relación entre la vid y las ramas donde cuelgan las uvas es perfectamente clara. Porque han podido apreciar claramente que sin una conexión real entre las ramas y la vid, entre los frutos y las ramas, pues los frutos definitivamente mueren.
Quizás si Jesus hubiera venido hoy, y viviera en nuestra cultura citadina y urbana, rodeada de tecnología y de computadoras, de televisores de pantalla plana y de IPods, Jesus diría que él como el toma corriente y nosotros somos los aparatos eléctricos. Si no estamos enchufados, conectados a él, que es la fuente de corriente eléctrica, pues ninguno de nosotros por muy avanzada pieza de tecnología que sea, una vez que se le agota la batería no podría funcionar absolutamente para nada.
Sin corriente eléctrica no funciona nada de lo que normalmente es necesario para nuestra vida en la ciudad, no hay televisión, no hay alarmas, no hay cargadores para los teléfonos, no hay internet, etc. Dependemos de la corriente eléctrica para mantener el sistema funcionando. Pues de esa misma manera, dependemos de Jesus para mantener nuestra vida espiritual funcionando, y más aun nuestra conexión con Dios funcionando. Una lámpara desconectada no alumbra, igualmente una vida que no está conectada a Cristo tampoco puede ser la luz del mundo. Es nuestra relación con Jesus la que va a marcar que tanto podemos cumplir nuestra misión de servir a Dios y al prójimo. La misión de cada uno depende en gran parte de cómo esta nuestra relación personal con Jesus. Por eso es que él usa esta imagen de la vid y las ramas para ilustrarnos que la vida que proviene de la vid es la vida que nos da fuerzas para vivir el día a día.
Pensemos por eso un momento en la manera en que estamos o no estamos suficientemente conectados a Cristo. Hay quienes solo se conectan un instante para cargar baterías y luego siguen su camino solos, hay otros que ya no se conectan ni pueden hacerlo porque han perdido toda dirección, pero Dios nos ofrece la oportunidad no de estar conectados una vez de vez en cuando, sino que está deseoso de estar permanentemente relacionado con todos nosotros.
Pensemos pues como la vida espiritual desea crecer, como Cristo desea ser la vida que vivifique nuestra vida y la fuerza que nos llene de energía para la lucha diaria, y démosle a él la libertad de cambiarnos. Abrirnos a la vida y la fortaleza que Cristo desea compartir con cada uno de nosotros, al final hará de nuestra vida una vida con mayor crecimiento y desarrollo, la llenara de significado y a la par nos permitirá vivir la misión con mayor fuerza. Recordemos que no es que estamos llamados a cumplir una misión, sino que la vida misma de cada uno de nosotros es misión. Somos misioneros porque somos enviados a vivir este mensaje de fe siempre, no solo en determinados días y festividades, sino siempre. Por eso dejemos que la transformación sucede, dejemos que viva más y más Cristo por la fe en nuestro ser y así seamos una bendición para todo. Como lo fue en la lectura de hoy Felipe para el Etíope haciéndole entender las profecías sobre el Mesías, como lo es Cristo para nosotros alimentándonos con su Palabra y la Comunión, como los son las madres para los hijos, como esperamos serlo todos para todos.
Esa es la llamada que hemos recibido, recibir la vida, para vivirla y llenar de vida al mundo que nos rodea,
Amén.

domingo 3 de mayo de 2009

Juan 10, 11-18 Cuarto de Pascua




11 »Yo soy el buen pastor. El buen pastor da su *vida por las ovejas.12 El asalariado no es el pastor, y a él no le pertenecen las ovejas. Cuando ve que el lobo se acerca, abandona las ovejas y huye; entonces el lobo ataca al rebaño y lo dispersa.13 Y ese hombre huye porque, siendo asalariado, no le importan las ovejas.
14 »Yo soy el buen pastor; conozco a mis ovejas, y ellas me conocen a mí,15 así como el Padre me conoce a mí y yo lo conozco a él, y doy mi vida por las ovejas.16 Tengo otras ovejas que no son de este redil, y también a ellas debo traerlas. Así ellas escucharán mi voz, y habrá un solo rebaño y un solo pastor.17 Por eso me ama el Padre: porque entrego mi vida para volver a recibirla.18 Nadie me la arrebata, sino que yo la entrego por mi propia voluntad. Tengo autoridad para entregarla, y tengo también autoridad para volver a recibirla. Éste es el mandamiento que recibí de mi Padre.»

Conozco a mis ovejas, y ellas me conocen a mí


Querida congregación: La gracia y la paz de Dios estén con nosotros hoy. Amén.
Este es un texto muy querido, nos habla de Jesus como el buen pastor, alguien que nos ama, nos protege y nos guía. Esta muy unido al Salmo 23 que declara “El Señor es mi pastor nada me faltara”. Jesus declara que está dispuesto a sacrificarse totalmente por el cuidado de sus ovejas, el suyo no es un amor teórico sino practico, se demuestra en su entrega total por cada uno de nosotros.
El buen pastor Jesus, no quiere asimismo entenderse como el guía de una sola comunidad, sino como el guía de la comunidad universal de creyentes, por eso anuncia que él desea que su mensaje llegue a todo el mundo. Para que ese mensaje llegue a todo el mundo entrega su vida voluntariamente sabiendo que el amor por los suyos será al final más fuerte que el odio de aquellos que querían apagar su voz.
La imagen de un pastor y su rebaño por ende es la imagen misma de la relación entre Jesus y su iglesia. Es una relación de amor y sacrificio, en la cual es Dios en la vida de Jesus dándonos a todos la posibilidad de vivir en perfecta comunión con él. La respuesta que debemos dar a todo ese amor es amor. Dios nos ama y por eso nosotros podemos amarlo también y descubrir en esa relación de amor como el ser parte del rebaño de Jesus nos convierte en una bendición para el mundo.
Esa bendición se manifiesta en como nosotros que recibimos el cuidado pastoral de Dios, apreciamos y respondemos a ese cuidado pastoral, llevando nosotros también adelante el cuidado pastoral de aquellos que nos rodean. Por eso los invito a pensar en esta mañana en la manera en que estamos realizando ese cuidado pastoral a diario.
Por ejemplo ¿cómo cumplimos nuestro cuidado pastoral como padres de nuestros hijos? Esa es una pregunta importante, porque cada padre y madre de familia tiene una responsabilidad pastoral ante Dios por el cuidado no solo material, sino también espiritual de nuestros hijos. El hogar es la primera iglesia en la que aprendemos a dorar a Dios. Si nosotros ponemos atención y dedicación para vivir nuestra fe en el hogar, estaremos formando espiritualmente a nuestros hijos guiándolos por medio de nuestro ejemplo. Esto definitivamente significa invertir tiempo, pero en eso consiste el amor, no solo en invertir tiempo trabajando para que no les falta el pan material, sino también invertir tiempo orando, y viviendo la fe en el hogar para que a diario reciban el pan espiritual también. Muchas veces creemos que es suficiente traerlos a la iglesia, les digo que no lo es. Es como si llevar a la familia a comer al mejor restaurante de la ciudad el domingo bastaría para alimentarlos hasta el otro domingo, y durante la semana ¿acaso no les darán de comer también en casa? Pues igual es la vida espiritual de la familia. El domingo es la fiesta con todos pero a diario cada hogar debe de vivir la fe también.
La segunda cosa que quiero compartir esta mañana es la frase de Jesus: “Yo conozco a mis ovejas, y ellas me conocen a mí”. ¿Cuánto conocemos la problemática, los sueños, las metas, las dudas y las alegrías de nuestras ovejas? ¿Cuánto conocemos lo que le sucede a nuestro esposa o esposa, cuanto sabemos de nuestros hijos y cuanto saben nuestros hijos de nosotros mismos? ¿Cuánto conocemos del mundo de nuestros amigos y de los amigos de nuestros hijos, y cuanto dejamos que ellos conozcan del nuestro? El mutuo conocimiento es parte fundamental del amor, eso es lo que Jesus trata de enseñarnos, el amor se expresa en la capacidad de conocer y darse a conocer, es una puerta siempre abierta a descubrir un poco del mundo de la otra persona y dar a conocer algo de nuestro propio mundo.
Interés por lo que sucedo en el mundo a nuestro alrededor, y a la vez en conocer y darnos a conocer, he allí los temas claves para salir adelante en nuestra vida cristiana durante esta semana. Los animo a analizar como el ser pastores de sus seres queridos y el conocer y darse a conocer esta desarrollándose como un paso fundamental en su vida de fe.
Que la gracia del Señor resucitado los llene abundantemente durante esta semana.
Amén.

domingo 26 de abril de 2009

Lucas 24, 36-48 Tercer Domingo de Pascua



36 Todavía estaban ellos hablando acerca de esto, cuando Jesús mismo se puso en medio de ellos y les dijo: —Paz a ustedes. 37 Aterrorizados, creyeron que veían a un espíritu.
38 —¿Por qué se asustan tanto? —les preguntó—. ¿Por qué les vienen dudas?39 Miren mis manos y mis pies. ¡Soy yo mismo! Tóquenme y vean; un espíritu no tiene carne ni huesos, como ven que los tengo yo. 40 Dicho esto, les mostró las manos y los pies.41 Como ellos no acababan de creerlo a causa de la alegría y del asombro, les preguntó: —¿Tienen aquí algo de comer?
42 Le dieron un pedazo de pescado asado,43 así que lo tomó y se lo comió delante de ellos. Luego les dijo: 44 —Cuando todavía estaba yo con ustedes, les decía que tenía que cumplirse todo lo que está escrito acerca de mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos.
45 Entonces les abrió el entendimiento para que comprendieran las Escrituras.
46 —Esto es lo que está escrito —les explicó—: que el *Cristo padecerá y *resucitará al tercer día,47 y en su nombre se predicarán el *arrepentimiento y el perdón de pecados a todas las *naciones, comenzando por Jerusalén.48 Ustedes son testigos de estas cosas.49 Ahora voy a enviarles lo que ha prometido mi Padre; pero ustedes quédense en la ciudad hasta que sean revestidos del poder de lo alto.

Ustedes son testigos de estas cosas.

Querida congregación: la gracia y la paz de Dios estén con todos hoy. Amén.
Las apariciones están para expresar a la comunidad que verdaderamente Jesus ha resucitado y que esta es una obra de Dios. La tumba vacía solo demostraba que el cuerpo de Jesus no estaba allí, pero en las apariciones, se entiende el verdadero sentido de la tumba vacía, no está en la tumba, porque ha resucitado. El cristianismo se basa en esa declaración de fe, no es algo que podamos probar científicamente, tampoco es algo de lo cual conservemos videos, fotos, o alguna clase de material que demuestre que realmente paso lo que pasó la mañana de pascua, pero allí está el secreto de la fuerza de nuestro mensaje, es un acto de fe. Es por la fe que podemos ver al resucitado nosotros hoy, no por razones intelectuales o materiales.
Durante muchos siglos se ha discutido si verdaderamente resucito o no, y el mundo se dividió entre creyentes e incrédulos por esa causa, sin embargo, creo que esa discusión no tiene sentido. Una verdad de fe no puede someterse al análisis de una fría lógica científica, una verdad de fe, es lo que es, un acto de total confianza y dependencia en Dios. Creer en la resurrección finalmente es creer en el poder de la vida y en la justicia de Dios a favor de aquel que es crucificado de manera injustificada.
Creer en la resurrección es creer que mas allá de todas las restricciones, penurias, sacrificios, o poderes que nos rodean y oprimen, Dios es quien levanta y restaura a los que sufren, sana a los que están enfermos, libera a los que están oprimidos y sobre todo regala vida a quienes están rodeados de muerte.
Los apóstoles fueron tocados por lo que vieron, ellos vieron a Jesus, ellos lo pudieron sentir y hasta comieron con él, por eso esta aparición del resucitado para ellos no era una alucinación, sino era verdaderamente un encuentro personal con el mismo Jesus, que llevando aun sobre si las heridas de los clavos y la lanza, ahora está vivo y les dice a los suyos que siempre quiere seguir estando con ellos.
Pero el resucitado no se entiende como un suceso aislado, sino como el cumplimiento de todo un plan salvador, por eso Jesus les dice: “el *Cristo padecerá y *resucitará al tercer día, 47 y en su nombre se predicarán el *arrepentimiento y el perdón de pecados a todas las *naciones, comenzando por Jerusalén”.
Jesus es descrito como un salvador que sufre, pero cuyo sufrimiento es causa de un cambio radical en todo el mundo, su sufrimiento restaura la paz y la armonía entre nosotros y la creación, nosotros y Dios y nosotros con nosotros mismos. Porque ese sufrimiento es causa de esa ruptura radical que existe, la ruptura de un mundo donde hay injusticias, la ruptura de familias, de personas consigo mismas. Jesus cuando sufre nos muestra lo radical que puede ser la injusticia y por eso en la resurrección, Dios nos declara, eso que el mundo actualmente rompe, destruye y desprecia, eso mismo Dios lo sana, lo resucita, lo devuelve a la vida, para así mostrarnos que la vida es el valor más importante para todos nosotros.
Jesus en la resurrección toca la vida de los discípulos y los mueve a un cambio de visión, los mueve a predicar ese cambio y a vivir ese cambio. Por eso la tarea de cada uno de nosotros es primero experimentar ese cambio, descubrir por medio de la oración, la lectura Bíblica, la adoración y la vida en comunidad como ese cambio realmente ya está presente en medio nuestro, y luego aprender a vivir ese cambio sirviendo a los que nos rodean y que aun no lo conocen, o que conociéndolo no saben cómo vivirlo. Vivir y enseñar es el tema de este texto del evangelio de hoy. Vivir la experiencia de la resurrección y hablar de ella para que siga creciendo en la vida de más personas.
En este viaje de la Pascua, alegrémonos de que el Señor resucitado nos quiere llenar de su presencia y llenos de ella, vivamos con la alegría de saber que la vida tiene un valor infinito cuando está en manos del Dios infinito.
Amén.

domingo 19 de abril de 2009

1 Juan 1, 1-10 Segundo de Pascua



1 Lo que ha sido desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros propios ojos, lo que hemos contemplado, lo que hemos tocado con las manos, esto les anunciamos respecto al *Verbo que es vida.2 Esta vida se manifestó. Nosotros la hemos visto y damos testimonio de ella, y les anunciamos a ustedes la vida eterna que estaba con el Padre y que se nos ha manifestado.3 Les anunciamos lo que hemos visto y oído, para que también ustedes tengan comunión con nosotros. Y nuestra comunión es con el Padre y con su Hijo *Jesucristo.4 Les escribimos estas cosas para que nuestra alegría[a] sea completa. 5 Éste es el mensaje que hemos oído de él y que les anunciamos: Dios es luz y en él no hay ninguna oscuridad.6 Si afirmamos que tenemos comunión con él, pero vivimos en la oscuridad, mentimos y no ponemos en práctica la verdad.7 Pero si vivimos en la luz, así como él está en la luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de su Hijo Jesucristo nos limpia de todo pecado.
8 Si afirmamos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos y no tenemos la verdad.9 Si confesamos nuestros pecados, Dios, que es fiel y justo, nos los perdonará y nos limpiará de toda maldad.10 Si afirmamos que no hemos pecado, lo hacemos pasar por mentiroso y su palabra no habita en nosotros.

Esta vida se manifestó.

Querida congregación: gracia y paz de Dios a todos. Amén.

El domingo de Pascua hemos celebrado la resurrección de Jesus, hoy día seguimos en ese camino de celebrar la vida, y vemos como el autor de la carta de Juan nos declara que esa manifestación de la vida, tocó de manera radical la vida de los discípulos, al punto de moverlos a asumir una nueva manera de actuar. Ellos sintieron que la vida manifestada en Jesus los cambió de tal manera que eran otras personas.
Ellos experimentaron la renovación interior que procede de la resurrección, sus pecados habían sido perdonados, la muerte había sido derrotada, por ende, ahora se convertían en mensajeros de esa novedad a todas las naciones y podían llevar un mensaje que trajera esperanza y cambio a generaciones a lo largo del tiempo.
La renovación es una causa de alegría cuando la vemos a la luz de la resurrección, podemos entonces pensar en este momento en aquellos instantes de mayor alegría en nuestra vida. ¿Cuáles han sido? ¿En que instantes hemos sentido que estábamos totalmente llenos de una increíble alegría?
¿Nuestra graduación, nuestro cumpleaños, nuestro matrimonio, el nacimiento de un hijo, nuestra casa, un nuevo empleo, reencontrarnos con personas que no vemos desde hace mucho tiempo?
Todos esos son instantes que pueden movernos a una intensa alegría. El reencuentro de Jesus y sus discípulos después de los terribles eventos de Semana Santa, definitivamente marcó en ellos el comienzo de la alegría, una alegría distinta, porque esta vinculada a un renacer espiritual. Jesus había vuelto a la vida, y con el volvían a la vida los sueños y las esperanzas de la comunidad de discípulos, pero también venía una inmensa cantidad de esperanza y alegría a la humanidad entera, que al contemplar a Jesus resucitado, podía contemplar que la vida siempre es más fuerte que el poder de la muerte y del dolor. La alegría es la consecuencia de ver que Dios prefiere la vida y no deja a los suyos en la desesperanza y la muerte. La vida triunfa sobre la muerte en el relato de la resurrección y se convierte en la esperanza y en el motor para que podamos vivir sabiendo que la tumba no es el final, sino que Dios siempre tiene la última palabra.
La Pascua es pues una llamada a llenarnos de la alegría y la esperanza que Dios nos quiere regalar por medio de la resurrección de su Hijo Jesucristo. En estos tiempos de stress, de incertidumbre económica, en momentos donde reina la preocupación y la ansiedad por no saber que nos espera, es precisamente cuando debemos de volver nuestra mirada a la tumba vacía, y a los relatos de la Pascua, porque ellos nos hablan de que después de la noche oscura y de la muerte injusta, Dios reaparece como aquel que está del lado del que sufre y del que lo necesita.
La resurrección es un poder que tiene fuerza transformadora, no sólo como una esperanza futura, para después de esta vida, sino además, es una fuerza transformadora del presenta, porque en la resurrección vemos como Dios actúa nuevamente en este mundo, como el resucitado trae un cambio de vida en los discípulos que creían que todo estaba perdido. En la resurrección vemos como estos pescadores galileos dejan de ser temerosos y dubitativos ara convertirse por el milagro de la Pascua y la llegada del Pentecostés en auténticos misioneros a todas las naciones.
La resurrección es pues una fuerza transformadora de tu presente y una certeza para tu futuro. Por eso ábrele ahora tu corazón y tu mente a esta fuerza de alegría y enorme esperanza, para que así, lleno de ella, puedas vivir la vida plena que Dios nos trae en Cristo.
Amén.